noviembre 17, 2011

y hoy ¿qué deseas almorzar? |cartas a mi Madre| |papeles olvidados|

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Por Armando Q.

Vuelvo del trabajo y como en otras ocasiones me encuentro cerca de su paradero habitual, es  mi Hermano menor quien con paso deudo, se acerca a mí. Encuentro que, resultaría una coincidencia si lo pienso detenidamente; la delicia cotidiana, pero hoy quise distanciar la rutina, y por obra mecánica, llame por el gatget habitual a mi Hermano mayor. Dije Yo con soltura – ¡Oe! ¡el Ingeniero ya está mejor! y se viene acercando con paso de soldado, viene a mi encuentro ¿qué quieres decirle?- mi hermano Mayor como es costumbre, suelta una alharaca, de las que me resultan un aullido de múltiples recomendaciones –¡que se cuide carajo!, que no preocupe de nuevo a la Negrita, que se deje de cojudeces y, que coma sano- después de dejar partir a mi hermano en su Ómnibus que lo llevara a su destino, me doy con la sorpresa que había pasado 1 hora con 30 minutos; que antes de este episodio, Yo había también estado en mi paradero, esperando el ómnibus que me conduciría en principio al paradero de mi casa. - ¡Cómo pasa el tiempo volando! es poco, pasa y sin siquiera pedir permiso - suspiro diciendo, destinando mis pasos para que estos se apuren, y sacando las bellas (llaves) del siempre bolsillo derecho, ingreso la llave y el mecanismo hace su trabajo, se escuchan los mismos sonidos todas las veces que la cerradura es utilizada, la puerta sede al pequeño empujón de mis manos, ingresa mi alma callada pero ardiente por dentro, diciendo las mismas palabras que han sido mis líneas desde que tengo uso de razón –por fin, en casa- pero son estas las palabras que nunca han sido escuchas por nadie, ya que las digo en silencio. Solo para mí. El Hombre de Bigote leyendo sentado en medio de su cama, cosa que ha tomado por costumbre, antes  claro, de ir por la calle cantando rancheras al sol que pronto no tarda en salir. Ya antes, el Hombre de Bigotes,  había desayunado, lo sé por el acomodo de su tasa en su sitio en la mesa, que espera ser levantada por quien le toque hoy el lavado de la losa, hombres viviendo con dos mujeres, dos mujeres viviendo con hombres, difícil es saber quién es quién manda entre tantas hormonas. El hombre de Bigote antes de pronunciar palabra, un sonido seco sale de su garganta, afinando siempre –¿ya tomaste desayuno?- dice con gracia, siempre me invita a sentarme a que no deje que se te enfrié el té, -si, a echo té, el menjunje que he tomado por todos estos 29 años- no lo llamaría té, pero si, sabe a Dioses; el Hombre de Bigotes no siempre me espera para desayunar, ya que no es domingo, solo los domingos solemos hacer el ritual, de que sea Yo quien traiga los Tamalitos y los panes Chabata. Ahora es cosa rara, ya que estos últimos meses, son los que se tornan más rutinarios. Me atrevo a decir, que la gran mayoría, solo espera que acabe el Año.
Dibujo una línea de la entrada (mi puerta principal) hasta llegar a la puerta de mi cuarto, pero siempre pasando por la puerta del cuarto de mi Madre, siendo ella, la que reconoce siempre  mis pasos, mi lento y cansado caminar, pero no tan casado mi cuerpo para no abrirme paso hacia uno de sus besos… no puede ella confundirse, los pasos de sus hijos los conoce, hasta el sonido que hacen con las bellas al entrar a la casa, algunas veces pausado con vaivén incluido – llego el carcelero-suele decir, otras alocado como si su vida dependiera cerrar rápido la puerta, pudiendo pensar que alguien está persiguiendo a uno de sus críos, - ese, tiene por perseguidor, al Diablo- aunque ya está en la mente de mi Madre que cosa decirme –desde que me oye ingresar creo yo-, las palabras son escuchadas, los sonidos hacen las veces gritos de auxilio, de haber sido testigo del pasar de los años, caigo con que no hay héroe en este planeta que se encuentre cerca de mi posición, años, peso que ya puedo ver en sus hombros, los colmillos afilados de estos años macabros, distintos siempre cada día, agarrando fuerza, sujetándose de la vida de la persona más importante que tengo en mi Vida. Quieren ellos arrebatármela de mis manos. Por ello, me uno a la guerra contra los Dolores, todos ellos, son presa de mi Vibra, mi Calor, mis manos Son Mágicas, mis pensamientos y mis locuras, son para ella, la sonrisa del día, la merienda del día para ella es mi sonrisa y mis besos, con eso le basta para salir librada de aquella cama que le succiona las horas cada vez que cierra los ojos… los caramelos que han de ser siempre servidos, para que no piense, que hay un Final, los momentos que hemos vivido, no los cuento con la mano, los caramelos son esos momentos que me visto, hacerlas de bufón para poder librarla del estrés.
¿Qué, existe tal cosa?…  ¡si existe!, debo primero dibujar una línea, la cual me permita el caminar seguro, pasar por aquella puerta, donde con sueños futuros, duerme mi Madre.
-hijo me duele la espalda-, dice con agonía, en la vos hay signos de dolor, desecho todo encuentro con mi cama, o siquiera pensar en pasar por la puerta de donde se encuentran las ninfas de  Morfeo, primero lo primero, salvar de la Agonía a la Doña, dolor que le producen estos sicarios que han sido descarados, al haber sido los causantes, provocado la desgracia que deja a mi Madre, con la espalda hecha polvo.
Vientos cálidos, destreza, suelto al vuelo la maleta negra, mis manos preparadas para ser frotadas de ungüento (no me pregunten qué es, secreto familiar) me quito el saco, añado aplausos, unos dotes que me han sido heredados, salgo de entre la oscuridad, sirviente de salvación, mis mejores deseos y vibra, y mis fuentes de poder son utilizadas para otro día mas, en que me vuelva por un día más, el salvador para que ella, la mujer de mis días, vivir sin Dolor pueda, un día más.
Pero no hay nada que se pueda hacer para que el tiempo no pase, vuelan con el viento las cosas, así como los años se acumulan como nieve sobre el cuerpo.
Fracaso inevitable. Después de haber dejado mi abrigo sobre la silla, el héroe no vive de hacer masajes, el héroe vive de escribir y dibuja en papel blanco, cuento los minutos y me veo después pasando lista entre aquellas lágrimas, de haber dejado mi niñez atrás y recordarla con añoranza, distancia hay ahora entre años aquellos. Alguien ha robado aquí, pero no existe alguien que pueda robar los Años. ¿Quién puede volver en el tiempo y no dejar que pase el tiempo sobre mi Madre? Todos cayán, nadie habla, solo escucho susurros, los que produce el Mar de Grau, no estoy solo, pero como si lo estuviera, la habitación pierde vida, mientras sigo mi escrito, hasta llegar al Fin.
 Depositada mi existencia en el sillón que ahora tiene rota su base. Escucho las palabras que han salvado mi tristeza –y hoy, ¿qué deseas almorzar?-
-Misión cumplida- se encuentra como nueva, y ahora sus labios dibujan una sonrisa, mientras tenga estas manos, seguiré escribiendo, mientras tenga estas manos, no dejare que el Dolor tome de rehén a mi Madre, mucho menos a ella, mi Persona más importante.
-Si te lo pide tu Madre, entonces, lo único que tienes que hacer es hacer las cosas bien. Cuídate, que nadie te está pidiendo que salves el mundo. No siempre mama, estará para cobijarte en su regazo- así que ya sabes Negro….. aunque me duela escribir del pasado, y de lo que luego pueda tornarse un mazo contra mí. No pensare en ello. Importa el Ahora, y que me resulte todavía la práctica, algo sobrecogedor y siga siendo un placer. Escribiré, así haya quien diga que no tenga talento. Así me encuentre con que me arrebaten 8 de mis dedos, o me quede con solo uno de ellos, escribiré para mi Madre. Escribiré …. Escribiré …así, este escribiendo solo para mi …


La vida mía es igual que cualquier otra: simple, rutinaria, a veces llena, otras vacía. La vida mía es igual a la del vecino, buscando siempre que hacer para no aburrirse. La vida es como la tomes, a mano completa o con las yemas de los dedos. La vida mía es la cuchara que utilizas para mover el café, pero esta no es de bronce o de metal. Es de papel. La vida mía anda cambiando constantemente, pero no siempre me invitan a la inauguración de esos cambios. La vida mía gusta de la noche, y duerme de día. No creo... que allá afuera, haya una igual a la mía. By: Armando Q.
Y me pregunto entonces… ¿si es verdad aquello que escuche? Qué no importa si sos constante … no importa. Dedicación sin talento es inútil. Palabras que hieren y crujen, me lastiman …pero soy cholo terco, soy Inca. No puedo, todavía darme provenido, si yo, soy quien tiene el balón. La última palabra.





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